Dentro de las pedagogías alternativas hay algunas que son más conocidas, Waldorf quizá sea una de ellas. Sin embargo, la mayoría de la gente no sabe muy bien de donde viene. Por eso vamos a empezar estos días con un poquito de historia.

¿Qué es la pedagogía Waldorf?

Durante los últimos años del siglo XIX y los primeros años del siglo XX surgieron muchas corrientes educativas. Estaba gestándose una revolución en la manera de enseñar. Apareció Russeau con su “Emilio”, María Montessori con su mundialmente conocido método, A.S. Neill con Summerhill… La escolarización empezaba a ser algo más habitual, la revolución industrial había sacado a las mujeres de sus casas y los niños tenían que disponer de un espacio donde ser educados.

En 1919, a Rudolf Steiner se le encargó poner en marcha una escuela para los hijos de los trabajadores de la fábrica de cigarrillos Waldorf Astoria, en Stuttgart (Alemania).

Rudolf Steiner había desarrollado una teoría sobre la triformación de la sociedad, y diseñó un sistema pedagógico con la finalidad de educar a los niños para esa sociedad del futuro. En ella sería necesario haber desarrollado habilidades sociales, creatividad y honestidad.

Por ello se pretende ayudar a cada ser humano a desarrollarse en todos los aspectos, de manera integral, a nivel físico, intelectual y espiritual.

 Así nació la primera escuela basada en estos principios y de ahí su nombre, “Waldorf”, como la fábrica donde se encontraba.

Hoy en día son muchos los centros que siguen esta pedagogía en España, aquí podéis consultar la página de la Asociación de centros Waldorf.

 

 

¿Cómo se estructuran las Escuelas Waldorf?

La educación se divide en tres etapas, que coinciden  aproximadamente con las de nuestro sistema educativo (infantil, primaria y secundaria). Rudof Steiner hacía las divisiones en septenios, estadios parecidos a los que definía Piaget (uno de los psicólogos más importantes de la historia, que estudió el desarrollo infantil).

El primer septenio

Entre el nacimiento y los siete años se produce una adquisición de capacidades a velocidad vertiginosa. El niño tiene que deshacerse de todos los reflejos con los que nació e ir adquiriendo control sobre su cuerpo. Es momento de explorar, de crecer, de jugar y de desarrollar gran parte de las habilidades que tendrán como adultos. Desafortunadamente, en las escuelas tradicionales, esta etapa de “Educación Infantil” no se centra en que los niños consigan conocer su cuerpo y manejarlo, sino en introducir contenidos cada vez más temprano. 

De los cero a los tres años

[pullquote-right]“En estos años ocurren los tres hitos que nos convierten en humanos: andar, hablar, pensar.”[/pullquote-right]Los dos primeros años del niño merecen una mención aparte, es entonces cuando se consiguen tres hitos que quizá sean los más importantes en el desarrollo del hombre: andar, hablar, pensar. Los tres primeros años de vida, el niño necesita estar en un ambiente de hogar, una figura de referencia con la que establecer un apego seguro, libertad de movimiento, y tener sus necesidades cubiertas… Todavía no saben qué es el tiempo, ¡no les pidamos esperar! Lo ideal sería que el niño pudiera pasar esa etapa de su vida en casa, con alguien de su familia.

Sin embargo, no siempre es posible, desgraciadamente. Las madres (y padres) de día, intentan suplir esa carencia de hogar mientras los progenitores no pueden estar presentes. Son personas preparadas para estar con la infancia, que legalmente, acogen a niños en sus casas durante unas horas. Proporcionando ese “calorcito” casero, hasta que vuelven con sus familias. Aquí podéis visitar la web de la Asociación de Madres de Día.

De los tres a los siete años

[pullquote-left]“El verdadero reto de acompañar a un niño durante esta etapa de su vida es ser capaz de dejarle hacer. Proporcionarle un entorno adecuado para que pueda desplegarse a su ritmo, en su momento.”[/pullquote-left]¿Alguna vez habéis pensado por qué se llama Jardín de Infancia? Es porque lo que hacemos allí es muy parecido a cuidar un jardín. Tenemos que dar a los niños un buen sustrato, dejar que les de el sol… Y sobre todo descubrir quiénes son y qué necesitan. ¿No es lo mismo cuidar un roble que un almendro, verdad? El verdadero reto de acompañar a un niño durante esta etapa de su vida es ser capaz de dejarle hacer y proporcionarle un entorno adecuado para que pueda desplegarse a su ritmo, en su momento.

Como madres y padres también os propongo que miréis a vuestros hijos así. Aprender a descubrir qué es lo que ellos traen al mundo, y qué necesitan para desarrollarlo. Ese niño que tenéis entre los brazos nunca antes ha nacido, es único. ¡Y sois los encargados de acompañarlo! ¿No os parece una responsabilidad maravillosa? Me gustaría que no tuviérais miedo de cometer errores. Los cometeréis. Y eso es bueno, sin errores no hay aprendizaje.

Durante el primer septenio (y siempre), vuestra misión es aprender a confiar en vuestro hijo y en vosotros mismos. Dejad que ese ser que ha venido a vuestra vida os guíe y os enseñe. 

El segundo septenio

Llega el momento de empezar a desarrollar lo intelectual, durante años ha correspondido a la educación primaria tradicional. ¿Recordáis cuando existían séptimo y octavo y la secundaria empezaba a los catorce años?

En nuestra cultura se solía decir que es a los siete años cuando el niño desarrolla el “uso de razón”, es decir, la consciencia de sus propios actos. Es entonces cuando los niños empiezan a cambiar los dientes de leche, ya controlan su motricidad y han superado la primera infancia. [pullquote-left]“Si estás estudiando las divisiones y sales al huerto a dividirlo en partes iguales para todas las clases… ¿No os parece que el concepto queda mucho más claro?.”[/pullquote-left]

En la pedagogía Waldorf es el momento de empezar a leer y a escribir. Empiezan los días de escuela, de pupitres y pizarras… Pero no de libros de texto. Una época rítmica, nutritiva… De expansión contenida. Ya no les cambia tanto el cuerpo ni la cara, conservan sus proporciones… Sin embargo es un momento de curiosidad y aprendizaje. De asombro constante y posibilidades enormes.

La primaria en la educación Waldorf se organizá de manera que los niños vivencien lo que estudian, ellos mismos crean sus libros. También aplican los conocimientos que adquieren de manera teórica en su vida práctica, dándoles sentido. Lo que se consigue con esto, además de que realmente integren los conceptos, es que no se pregunten eso de, ¿y ésto para qué me va a servir? Si estás estudiando las divisiones y sales al huerto a dividirlo en partes iguales para todas las clases… ¿No os parece que queda mucho más claro?

Como mencioné más arriba la educación artística no es una asignatura más en esta pegagogía. La música, el teatro, el movimiento, la pintura… Todo son artes a las que se les da una importancia enorme. Si tenéis oportunidad os animo a que visitéis una escuela Waldorf el día de puertas abiertas, suele haber una exposición pedagógica. Os garantizo que si nunca habéis visto lo que hacen allí os vais a quedar boqueabiertos.

El tercer septenio

La temida adolescencia… Desde los 14 hasta los 21 años. La pedagogía Waldorf, termina en España a los 18 años, como todas las escuelas secuendarias, pero esta etapa sigue más allá.

[pullquote-right]“Es una época de emociones extremas: amor, amistad, carjadadas…”[/pullquote-right]

Ya no son niños, estos jóvenes siguen necesitando una guía, pero ya no sirve el amor. Ahora necesitan admirar a quien les guía, confiar en ellos. Es una época de emociones extremas: amor, amistad, carjadadas… El “YO” aparece con fuerza, la personalidad adulta va surgiendo poco a poco. Los profesores tienen que ser una autoridad admirada por el alumno, todos recordamos a esa profesora o profesor que consiguió que nos interesara su asignatura, porque se notaba como le apasionaba. 

Si el primer septenio era un reto, esto no lo es menos. Ya vamos intuyendo quién es nuestro hijo, y lo que quiere nos lo deja bien claro. Empieza el arte de la negociación, de los largos diálogos… De soltar su mano y dejar que vuele. 

Ahora más que nunca confiad en vosotros, seguro que lo habéis hecho bien.

¿Y después?

No, la educación no se acaba a los 21 años. No se acaba nunca, pero a partir de los 21 nos toca coger el mando a nostros mismos. Comienza la autoeducación, un proceso de desarrollo y crecimiento que dura toda la vida. Así que… ¡A seguir aprendiendo!