El juego libre es la actividad de expansión por excelencia en la infancia. Me atrevería a decir que casi la única. Ayer hablamos sobre la importancia del ritmo natural, y esta es una de las claves para llevarlo a cabo. Dejar a los niños jugar en libertad.

Cada vez que menciono el juego libre no puedo evitar acordarme de mis años como estudiante de Ciencias Biológicas. Me viene a la cabeza la definición de juego que nos dieron en zoología: «Actividad que realizan las crías de los mamíferos con intención lúdica y en estado de vigilia.» Siempre me hizo gracia eso de «en estado de vigilia», no creía que hubiera que aclarar que para jugar había que estar despierto… Otra de las palabras que uno siempre con este concepto de juego libre es «cachorreo», que es precisamente ese juego que tienen las crías de los mamíferos. Sin embargo, ésto no lo escuché en clases de zoología, sino en magisterio. 

Pero, ¿qué es el juego libre?

El juego libre es la actividad que realizan los niños de manera natural, cuando tienen intención de jugar. En el juego libre no existen más reglas que las que crea el niño que juega, decide cómo, cuando, con qué y con quién juega. Aunque los adultos jugamos para divertirnos y distraernos, la capacidad de jugar sin reglas la perdemos con la edad. El juego de adultos es reglado y estructurado. Por eso no podemos asimilar el juego libre en la infancia con las actividades lúdicas de los adultos. Para ellos, es algo más parecido a lo que nos pasa a nosotros cuando disfrutamos de un trabajo o de una actividad.

La Real Academia Española define jugar como: «Hacer algo con alegría con el fin de entretenerse, divertirse o desarrollar determinadas capacidades.» Esta última parte de la definición es la que me interesa, jugar es algo que se hace con alegría con el fin de desarrollar determinadas capacidades. Estoy convencida de que en la infancia no es una decisión consciente. Nuestros instintos nos impulsan a jugar, a divertirnos y a desarrollar nuestras capacidades sociales, psicomotoras y cognitivas. Los niños saben qué es lo que necesitan desarrollar, es por eso que unos prefieren el columpio y otros los toboganes, jugar al pilla pilla, o al escondite. Cuando dejamos que los niños elijan su juego; siempre controlando que todo sea seguro, por supuesto, estamos dándoles la posibilidad de desarrollarse de la mejor forma posible a cada uno.

Juego Libre Pinterest

¿Cuándo empieza el juego libre?

El juego es algo innato al Ser Humano. Una buena profesora mía decía, sin embargo, que no creía que se pudiera considerar que alguien juega sino lo hace con la intención de jugar. Si estáis de acuerdo con esa sentencia, el juego comienza con el juego simbólico.

En cualquier caso, la capacidad de hacer algo con alegría con el fin de aprender empieza antes. Los bebés intentan una y otra vez meter aros en un palo, haciéndose con el control de sus pequeñas manitas, rechonchas y torpes. Pero no cejan en su empeño. Se concentran, y lo repiten una y mil veces, hasta que lo consiguen. Ver la cara de satisfacción que tienen cuando logran su objetivo no tiene precio. Es una actividad que les exige trabajo y concentración, es cierto que se puede parecer más a un entrenamiento que a un juego.

Más tarde, aproximadamente a los dos años de edad, se produce un momento mágico en el desarrollo infantil. Un buen día observas como el niño coge un trozo de madera, lo pone en el suelo y hace: «brum, brum». Acaba de nacer el juego simbólico, ese niño que hace a penas 24 meses era un recién nacido completamente dependiente, es capaz de crear con su mente. El juego simbólico es un gran paso para el desarrollo del niño, a todos los niveles.

Los niños necesitan tiempo, tiempo para jugar. El niño va a llevar al juego no solo lo que le gusta, sino lo que necesita trabajar. Las cosas que no entiende las juega, las revive y las gestiona a través de esa herramienta fantástica que acaba de descubrir. Las habilidades que va adquiriendo las introduce en el juego y las entrena… Y así con todo.

¿Por qué es importante?

Supongo que a estas alturas ya adivinas porqué es importante. Porque es su herramienta para aprender y crecer. Un niño de menos de seis o siete años necesita hacerse con el control de su cuerpo. La primera infancia va a a determinar muchísimas cosas de nuestro «yo» adulto a nivel emocional y social. Todo eso nos lo da el juego libre. No es momento para fichas, ni para estar sentados, ni para representaciones en dibujos, ni para leer ni escribir. Es momento de jugar, de moverse, de escuchar cuentos… 

¿No os parece curioso que sabiendo esto desde hace tanto tiempo nos empeñemos en que los niños «aprendan» en lugar de jugar? Una vez más, desgraciadamente, nuestra sociedad parece estar convencida de que antes es mejor. Y eso no es cierto. Las cosas llegan en su momento, y cada individuo tiene su ritmo. A pesar de conocer que neurológicamente no es lo más adecuado, como podéis leer en esta entrevista, y un muchos más recursos que encontraréis sin problemas buscando en internet, nuestra Educación Infantil sigue centrándose en adquirir la lectoescritura cuanto antes.

¿Cómo podemos favorecer el juego libre?

Durante estos días de maratón profundizaremos en esto del juego libre, analizando los materiales más adecuados, el papel del adulto acompañante y la impotancia de la Naturaleza para los niños.

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